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Paco
Puyuelo nació en 1967 en Peralta de Alcofea(Huesca-España).
Vivió en Barbastro y con el tiempo fijó su residencia familiar
en Monzón.
En su casa taller, bajo la ciclópea masa de piedra del castillo
que los templarios tallaron en la roca del Terciario, se gestó
su alma de creador de formas sobre el soporte de los más diversos
materiales: madera, piedra, escayola, mármol.
Sus primeros años de escultor discurren en el más profundo
academicismo de las canterías: sillares, escudos, arcos, estatuas.
Entre el sudor y el polvo de su taller, al otro lado del cincel, se va
tallando el perfil del artista mientras se difumina el del artesano al
uso.
Su actividad docente en distintas escuelas-taller del Alto Aragón
le reportan los medios económicos para vivir , cambien, la necesaria
experiencia para dar su salto mortal. Tan vital como renovador.
Paco se traslada a París. Deja casa, cama y cubiertos y es acogido
por Carlos Ragazzoni, el consagrado escultor argentino del reciclaje.
Una vieja estación de tren abandonada en el centro de la ciudad
de la luz ve nacer, de las manos de ambos artistas, todo un ecosistema
de formas: una fauna de chapa y piedra tosca. Aviones metálicos
de Ragazzoni con cabezas partidas del alabastro aragonés de Puyuelo.
El taller-estación-galería es un continuo torrente de gente
interesada en ver qué es lo que allí se cuece por cocineros
de lo más dispar: pintores, escultores, fotógrafos, músicos...
Otros aragoneses reparan en las piedras de Puyuelo, Ángel de Orensanz
se estremece con Paco y juntos crean tertulia creativa. William Abelló,
hijo de montisonenses, afamado creador de espacios cinematográficos,
también gira su cabeza hacia las esculturas de Paco.
Desde aquí en la orilla del Cinca, se oyen los martillazos de Puyuelo,
que cada vez malla mas fuerte y con mejor temple.
Pronto se oirán en todo el mundo.
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